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Grand Slams - Wimbledon - Historia

Wimbledon

Historia

Escrito en el año 2017

La gran mayoría de los tenistas tiene como anhelo ganarlo, alguno quizás hasta se conforma con jugarlo. Su historia, su fuerte tradición, su fiel reflejo de los valores que representa el tenis son, tal vez, los motivos. Wimbledon es el torneo más especial de los 4 Grand Slam (no por nada lo llaman la Catedral del Tenis). Por haber mantenido la tradición, no hay tantos cambios que contar a lo largo de los años en cuanto a las características de la competencia, pero sí muchas historias, que siempre toman otro sabor cuando se escriben sobre el mismo césped que fue testigo de tantas otras en épocas anteriores...

A poco tiempo de haberse instalado el deporte en Inglaterra, se propagó de forma muy veloz, y la necesidad de hacer clubes y organizar torneos para albergar a los flamantes fanáticos, se volvió una obligación. Así fue que se formó el All England Lawn Tennis and Criquet Club, el 23 de julio de 1868, aunque en ese momento sólo era de criquet; luego, en 1876, se le agregó el tenis, y el nombre del club privado fue cambiado al año siguiente por el ya mencionado.

La sede actual (desde 1922) del All England vista desde arriba.

Este club es importante, porque en 1877 albergó el “Wimbledon Championship”, un certamen jugado sobre césped, como era usual en esos tiempos, que arrancó el 9 de julio, y que sólo tenía a tenistas hombres. El primer ganador, entre 22 competidores, fue Spencer Gore, que superó en la final a William Marshall por 6-1 6-2 y 6-4. 200 personas vieron esa final, que sería el puntapié inicial de un torneo sin igual, y también de la globalización del deporte en todo el mundo.

Probablemente la única foto que se puede encontrar del primer campeón, Spencer Gore.

Las mujeres fueron incorporadas al torneo en 1884, y también fue el año para los doblistas masculinos. Las parejas femeninas y mixtas no vieron acción hasta 1913. Tal como pasó con los otros torneos de sus características, no permitía la participación de los jugadores profesionales.

Uno de los aspectos que enamora de este torneo es la tradición. En su momento, como se estilaba por esa época, la vestimenta era totalmente blanca. Mientras que otros torneos no tuvieron reparos en acompañar las nuevas modas en la indumentaria, permitiendo vestirse a los deportistas como lo desearan, Wimbledon decidió mantener esa regla, lo cual siempre le dio un gusto especial para los aficionados y los propios tenistas.

El primer campeón extranjero fue el australiano Norman Brookes, en 1907, así que se pueden mencionar muchos nombres importantes en los primeros 30 años del certamen y todos son británicos, pero hubo uno que dejó su huella: William Renshaw ganó seis títulos consecutivos desde 1881 a 1886, y sumó un último en 1889, estableciendo la marca que jamás fue superada sino apenas igualada por Sampras y Federer.

William Renshaw junto a su hermano Ernest, con quien ganó 5 ediciones de dobles.

Hubo otra era destacada que comenzó en el ocaso del siglo XIX y también marcó récords que siguen vigentes: la de los hermanos Lawrence y Reginald Doherty, que arrasaron en su época porque no sólo fueron tremendos singlistas sino porque se unieron para formar una pareja de dobles letal. Así, ganaron en múltiples ocasiones la Copa Davis, los Juegos Olímpicos, y por supuesto, en su tierra: el torneo de Wimbledon. Allí, en singles, Laurie se coronó 5 veces y Reggie 4; en dobles lograron la hazaña mayor ya que, con 8 conquistas, todavía son la pareja más exitosa de la historia del certamen.

Laurie y Reggie Doherty.

La sede actual donde se disputa el certamen, surgió en 1922, y su inauguración estuvo a cargo del Rey Jorge V. Con una capacidad mucho mayor, los torneos pasaron a promediar 200 mil personas durante los años ’30. Algo que también ayudó fue la época dorada de una leyenda del tenis.

En 1936, Fred Perry, con seguridad el mejor tenista inglés de todos los tiempos (primero en conseguir el "Grand Slam"), ganó por tercera vez consecutiva el campeonato de Wimbledon. Lo que el público local no sabía es que a partir de esa fecha, se iría convirtiendo con el correr de los años, en el hazmerreir del mundo del tenis, porque Perry sería durante muchísimo tiempo el último británico en coronarse en su tierra.

Fred Perry en acción durante Wimbledon 1935.

El torneo se jugó ininterrupidamente, con excepción de los años de guerra. Wimbledon fue usado como sede de operaciones militares, y centro de resguardo civil. En 1940 una bomba cayó sobre el court central, destruyendo cerca de 1200 asientos. El campeonato retomó la normalidad en 1946.

En 1968, Wimbledon se sumó a las filas del profesionalismo y fue parte del comienzo de la Era Abierta. Mientras los hombres británicos seguían buscando a su campeón, Virginia Wade se convirtió en la última mujer de esa nación en consagrarse campeona en 1977.

Muchos tenistas escribieron su nombre en la historia grande de este torneo, como Arthur Ashe, Bjorn Borg, John McEnroe, Boris Becker, pero con ninguno el público generó tanta empatía como con Pete Sampras. Con un tenis de saque y volea llevado a niveles jamás vistos, ganó 7 torneos entre 1993 y 2000, e igualó el record que ostentaba William Rehnshaw. Pero llegó un día que marcaría un un antes y un después.

El saludo final de un partido bisagra.

El 2 de julio de 2001, un joven Roger Federer derrotó a Sampras por los octavos de final del torneo, y quedó para siempre como el hecho simbólico del cambio de corona entre el norteamericano y el suizo. Federer no sólo llegó a las 7 conquistas (entre 2004 y 2012), sino que se convirtió en el hombre que más finales disputó en la Catedral del Tenis, con 10.

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LOS MÁS GRANDES. Cada uno dominó en su época y es imposible decir quién fue mejor en Londres.